Las decepciones son algo del día a día, no? Supongo que habrá quien piense que no y que me diga mentalmente mientras lee “qué le pasará? que pesimista está” Yo lo llamaría realista, pero bueno, siento comunicarles a aquellos aludidos que sí, la decepción es parte del hoy y del mañana, igual que lo fue del ayer. Ahora, como te la tomes tú, es otra cosa muy distinta.
Merece la pena? claro que no, ya sabemos que nada merece tanto la pena como para no intentarlo por miedo a no conseguirlo y además que nada merece tanto la pena como para dejar que la decepción nos invada cuando las cosas no son lo que esperamos que sean. O si? Depende supongo, todo es relativo dicen, y el mundo una mierda. Pues si, aunque depende a que escala lo mires y con que filtros decidas vivirlo.
Dicen también, que para no decepcionarte, mejor no esperes nada de nadie, pero eso es otra mierda! Menuda manera de vivir, sin emoción alguna y sin ilusión por lo que pueda llegar. Así que, cuál es la solución? Diría que no la hay, o que a mí no me va a funcionar ninguna y seguiré toda la vida acumulando decepciones y nunca aprendiendo de ellas.
Creo que lo entiendes y yo no te he explicado nada
Y también creo que eres una de las poquísimas personas con las que esto me pasa. Llegué a pensar un día aleatorio, por un solo segundo cualquiera, que podría ser que la distancia enfriara nuestro microuniverso, pero la duda es algo intrínseco en mí (para más referencias mirad dos entradas más atrás, jajaja), así que no era, ni es, motivo de preocupación. Tenía ganas de llamarte, pero me gusta más escribirte, y creo que no tiene explicación, ni consecuencias.
Está siendo raro el no tenerte cerca, pero sé lo que eres para mí y ahora lo sé más y no sólo porque te echo de menos, sino porque cuando te vuelva a ver, tú y yo seremos distintas, pero nuestros mundos, aunque puede que hayan cambiado un poco, seguirán en su microuniverso tal y como estaban y pese a cualquier cosa que pueda ocurrir, lo estarán siempre.
“Patatín patatán” es un buen nombre para la única categoría de mi blog, porque de eso se habla, de esto de lo otro, de patatín patatán!
Y no puedo dejar de escribir. Debo de tener una gran necesidad de expresarme… o puede que de hablarme a mí misma, de ordenarme, de hacerme pensar. Y debe de ser eso, “necesidad”, porque aunque intento no hacerlo, no puedo reprimirlo. Es como intentar dejar de pensar en algo/alguien y no poder quitártelo de la cabeza… o como tener la letra de una canción tan adentro que cuanto más intentas olvidarla, más te viene a la mente…
Yo creo que la inseguridad es algo intrínseco del ser humano. Al menos, a mí como humana, me crearon 90% inseguridad, 10% no sabe no contesta…
Siempre dicen que es mejor arrepentirse de lo hecho que de no haber intentado hacerlo. Eso lo dijo algún imbécil en un momento de euforia por algo que le salió bien… pero puede que tuviera razón.
Que al final, nada merece tanto la pena como para no intentarlo por miedo a las consecuencias.
Pensaba que no querría quedarme. No había manera de que encajara y sigue sin haber, en cierto modo, manera de que encaje. Tengo ese sentimiento de idiotez, que digamos, la pequeña L llama culpabilidad. También algo de cansancio, tanto físico como mental. Sociabilizar es duro, la verdad. Al menos lo es para mí… y sobre todo, relacionarte con gente con la que sabes que nunca vas a tener nada más en común, que unos días al año. ¿Merece la pena? Yo creo que sí, pero en su justa medida y he apurado demasiado el límite de la idiotez, llegando a cruzarlo con un pie. Aunque solo haya sido un pequeño movimiento, el sentimiento que nace es tan grande… Aún así, a veces (siempre raras) en tu increíble hazaña de estupidez social, encuentras gente con la que crees que puedes conectar. Pero el riesgo de equivocación es tan alto… y las posibilidades de desilusión, decepción y pérdida de un poco más de esperanza como consecuencia, son tan reales… que no sé. Necesito aprender a dejar las cosas fluir, a no intentar adelantar en mi mente acontecimientos, a no pensar en las infinitas posibilidades de vivir ese momento de mi vida, que puede llevarme a otras infinitas situaciones con aún más infinitos finales o principios distintos. ¿De qué estoy hablando? Ni yo misma lo sé. Es solo el lío de mí mente, de mi corazón y de mi estómago, donde se mezclan tantos temas, que no hacen posible que de aquí salga algo con sentido.
“Atención, peligro” o “Cuidado con el perro, muerde”, serían dos expresiones bastante acertadas.
Hoy es uno de esos días en los que me encuentro mal, no termino de diferenciar si el malestar es físico, anímico, psicológico, o una combinación de todos ellos.
Días en que no te aguantas ni a ti mismo y por tanto, mucho menos a los demás. Hay discusiones sin sentido, donde no te entiendes, no te entienden o no te haces entender. Pierdes la paciencia contigo y con los que se atreven a pasear por tus pensamientos. Las ganas de ser optimista las cambias por un agobio continuo, y todo lo ves negro, dentro y fuera de ti, hacia ti y hacia los demás. Te da rabia el no hacer nada y el no tener ganas de hacerlo. El estar enfadada con todos y por todo sin tener un motivo real para ello. Y sobre todo… el pagar tu día de mierda con alguien, que teniéndoselo merecido o no, fue a tocarte la moral en un mal día (para tí y a partir de ahora, para él también).
Hace tiempo que concluí que la mejor opción por el bien de la humanidad y de mis relaciones sociales, era aislarme del mundo. Así que ahí queda colgado un cartel de “Cerrado por reformas”, hasta que todo esté de nuevo en su sitio. Esperemos que mañana sea un día mejor.
Soy lo más monotemática y egocéntrica que hay! pero que mierdas, es mí blog!
Estoy más relajada esta semana, aunque también bastante ansiosa por todo lo que tengo que hacer antes de irme y por las ganas que tengo ya de empezar!
La verdad es que me da igual si el curro es una mierda, porque voy a estar al aire libre, tranquila, haciendo algo que seguro que me gusta y quitándome 15 créditos de prácticas de encima. Me marearé en barco? Esperemos que no! xD La entrada no iba de esto, pero bueno, también me pasan cosas buenas que me hacen ilusión, a ver si alguien se cree que soy aquí doña penas!
Creo que ha sido el curso más largo de mi vida. No se como me han pasado tantas cosas y sobre todo como he cambiado tanto yo. Digamos que todo el año ha sido un punto de inflexión de esos que me gusta a mí poner en mi vida. Lo bueno es que por lo menos yo me siento bien, me gusto, como molo! xD
Me he dado cuenta de que voy a tener toda la vida un peso en el alma, un hueco en el corazón, un vacío en el estómago (y no de hambre) o como queráis llamarlo… y que tengo que vivir y aprender a vivir con él, como compañeros de piso! La convivencia no está siendo fácil, pero creo que va mejorando, y mejorará con la confianza, con el estar a gusto el uno con el otro y con el aceptarnos como somos y que los dos estamos ahí, juntos para siempre. Al final, dejará de molestar, de doler y supongo que le cogeré cariño (que ya se lo tengo un poco) y no querré que se vaya, porque me hace recordar, valorar y sobre todo cuidar lo que aún tengo.
Como alguien dijo una vez “soy un ser sensible” y me gusta serlo. Igual que me gusta que me pasen mil tonterías (y no tan tonterías), porque como otro alguien dijo una vez “eso es que tenemos vida además de estar vivos”. Yo me noto diferente, no diré más feliz, porque sería mentira, pero sí más completa (irónico que sea así cuando noto ese vacío dentro xD).
La verdad es que no quiero olvidar nada de todo lo que he vivido, ni a nadie. Ni su cara, ni su voz, o dejar de imaginar como reaccionaría o respondería a cualquier cosa que planteara, las muletillas, los olores o cualquier otra cosa que me haga llorar por echarla de menos, o por seguir teniéndola. Porque sí, por seguir teniéndola, he aprendido a valorar y lo puedo decir orgullosa. Soy perfecta (aunque no del todo, jisjis) y a veces meto la pata y me toca pediros perdón… Creo que saber valorar lo que se tiene, es algo que casi nadie sabe hacer, pero yo sé que sé valoraros a todos y no hay nada que me haga sentir mejor que de que algo tan triste haya salido algo tan bueno y por lo visto tan prepotente, jajaja. Todo mi universo ha cambiado, todo se ha reordenado y sé que todo dentro de mí, está mejor ahora.
Creo que ha hecho el mejor y mayor aporte a mi vida que él podía imaginar hacer y sé que de eso no estoy feliz y orgullosa solamente yo.
Es sólo que no sabía realmente lo que era echar de menos a alguien.
Estoy casi cansada de escribir únicamente cosas tristes, y eso que tengo 4 entradas en el blog : P Pero es que solo tengo ganas de escribir en momentos así. O igual es que tampoco me pasa algo tan bueno como para querer dejar constancia de ello xD Acostumbro a preferir dejar escrita la angustia cuando la siento que la felicidad, no se porqué luego voy a querer releerlo y recordar ese sentimiento.
Pero todo esto venía porque echar de menos, me ha dejado y me sigue haciendo, un hueco tan grande, que pienso en ello y se me hace un nudo en la garganta y otro en el estómago . No sé como llegó a pasar que oliendo por accidente su colonia, los ojos se me humedecieron y pensé “parece mentira, hace un año ya y sigues así de sensible. Esto se pasará algún día?” Ya sé que sí, pero hasta entonces aquí seguimos mano a mano, ella y yo.
En casa ya y dispuesta a dormir para mañana levantarme cuando Dios o mí madre quieran.
Hoy, digamos que con la persona J, he reflexionado (aún a riesgo de que pareciera una conversación de borrachos dado el contexto xD) acerca de la soledad. Más bien de el tener algo y cuando lo pierdes, al ya saber lo que es tenerlo, quedarte para siempre con un huequito en el corazón que sólo ese algo puede llenar. Da igual el color, la forma o el olor, pero otro algo que te haga sentir igual de feliz (o más), de especial y de completo, llegará en algún momento (o eso esperamos todos), para seguramente volverse a ir, porque así funcionan los ciclos de las cosas, como buenos ciclos se cierran y vuelven a empezar, pero de alguna manera, todo compensa tan sólo por pasar ese tiempo limitado con “el algo” esperado.
Siento mi corazón un queso gruyère y creo que todos lo tenemos así, por más que os empeñeis en decir que sois felices.
Como alguien, digámosle L, dijo una vez, para ser feliz hay que saber lo que es la “infelicidad”…otro redondo agujero aparecerá en vuestro corazón.
Y yo creo, y con esto acabo por hoy que son las 04.00, que sólo hay que saber que se vive con un gruyère en el pecho para poder intentar de forma consciente, ser feliz.
Había una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy
lejano. Era un buen rey, pero el monarca tenía un problema:
era un rey con dos personalidades.
Había días en que se levantaba exultante, eufórico, feliz.
Ya desde la mañana, esos días aparecían como
maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos.
Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y
eficientes esas mañanas.
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino
las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos.
Esos eran días en que el rey rebajaba los impuestos,
repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el
bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a
todos los pedidos de sus súbditos y amigos.
Sin embargo, había también otros días.
Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de
que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo
notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.
Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por
qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo
atendían bien. El sol le molestaba aun más que las lluvias. La
comida estaba tibia y el café demasiado frío. La idea de recibir
gente en su despacho le aumentaba su dolor de cabeza.
Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos
contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo
cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los
impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores…
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los
errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su
palabra más usada era NO.
Consciente de los problemas que estos cambios de humor
le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y
asesores de su reino a una reunión.
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis
variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias
y han padecido mis enfados. Pero el que más padece soy yo
mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro
tiempo, cuando veía las cosas de otra manera.
Necesito, señores, que trabajen juntos para
conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser
tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan
ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que
quiero.
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas
trabajaron en el problema del rey.
Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y
todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al
asunto planteado. Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso.
Esa noche el rey lloró.
A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia.
Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica
que alguna vez había sido blanca.
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del
lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He
venido a traerte el remedio.
Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.
El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó
dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo
mágico?
- Ciertamente lo es –respondió el viajero—, pero su magia
no actúa sólo por llevarlo en tu dedo…
Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la
inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez
que veas el anillo en tu dedo.
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:
<<Debes saber que ESTO también pasará>>